“…RECUERDOS DE RECUERDOS DE OTROS RECUERDOS…”

No siempre está a la mano un tema para la inspiración. En lo que atañe a la composición de un tango, si uno se asoma a la obra de Evaristo Carriego, se acerca a una veta generosa que le provee lo más bello venido de la misma entraña del dos por cuatro. El título de esta columna no es más que lo que ha dejado Borges en sus escritos sobre Evaristo Carriego, vecino suyo en el barrio Palermo, amigo de su padre, visitante de su casa los domingos y amigo de sus amigos.

Acudo a estas líneas de Borges en su libro Evaristo Carriego de 1930: “Poseo recuerdos de Carriego: recuerdos de recuerdos de otros recuerdos,…”porque cuando Borges tenía 13 años, murió el poeta y entonces su saber acerca de él se formó no solo de sus recuerdos de infancia sino de la memoria de sus amigos y de la evocación que harían del bardo sus padres.

Hoy, bandoneón, vas a acompañar a un organito, a La costurerita que dio aquel mal paso, a “la romántica loca”, y asombrado con este paisaje me dirás: ¿qué tango hay que cantar?

Quiero entrar en materia hablando de Carriego como quien fuera el rapsoda y testigo de la vida de su barrio Palermo, condensada en el libro Misas herejes, en cuyo interior se lee El alma del suburbio y luego el libro de sus poemas póstumos: La canción del barrio.

De las Misas herejes escojo Tu secreto, porque sobre esta poesía puso sus ojos Enrique Cadícamo para escoger algunos versos y, con Salvador Merico en la música, componer el tango De todo te olvidas (Cabeza de novia). Vamos a leer, entonces el poema Tu secreto:

¡De todo te olvidas! Anoche dejaste
aquí, sobre el piano, que ya jamás tocas,
un poco de tu alma de muchacha enferma:
un libro, vedado, de tiernas memorias.

Íntimas memorias. Yo lo abrí, al descuido,
y supe, sonriendo, tu pena más honda,
el dulce secreto que no diré a nadie:
a nadie interesa saber que me nombras.

… Ven, llévate el libro, distraída llena
de luz y de ensueño. Romántica loca…
¡Dejar tus amores ahí, sobre el piano!
… De todo te olvidas ¡cabeza de novia!

Continuemos con El alma del suburbio. Aquí pasan como por la cinta de un filme el maltrato a la mujer, la fiesta en el patio con su guitarra y su cantor, la obrera enferma y los perros del barrio. Tiene un poema: El guapo, que está  dedicado a Juan Moreira, un gaucho que después fue caudillo y que vivió en Palermo. Los versos del poema lo bautizan como “cultor del coraje”, por el manejo del cuchillo y su alma pendenciera.

En fin, que estos versos han surtido de temas a los poetas del tango para cantar a los compadritos y cuchilleros como lo hemos oído en el tango Sangre maleva, que habla del zurdo Cruz Medina. (1) Después Homero Manzi y Cátulo Castillo sacaron el tango Eufemio Pizarro, y nos cuentan que “… entraba en los disturbios del suburbio/con frío de puñal”. Y Borges en la Milonga de Calandria, señala: “… era su gusto jugarse/ en el baile del cuchillo”.

De su libro La canción del barrio, nos quedamos con el bellísimo poema Has vuelto, que cuenta la visita de los organilleros a los barrios. Este tema inspiró a Homero Manzi para la canción El último organito (2), pieza que ha sido interpretada por Gina María Hidalgo, Edmundo Rivero y cantores de la talla de Joan Manuel Serrat.

Hay un conjunto de poemas que se llama La costurerita que dio aquel mal paso, correspondiente a La canción del barrio, donde se recoge la historia de las mujeres que se han marchado de la casa muy seguras de las promesas de amor y que luego han sido engañadas. De esta fuente han bebido algunos compositores para los tangos Margo(3), Zorro gris(4), Milonguita (Estercita) (5), por ejemplo.

Quería terminar transcribiendo este pasaje de Jorge Luis Borges en el libro que nos ocupa: “Su conversación-escribía Giusti después- evocaba los patios de vecindad, los quejumbrosos organillos, los velorios, los guapos, los lugares de perdición, su carne de presidio y de hospital: Hombres del centro, le escuchábamos encantados, como si nos contase fábulas de un lejano país” (6).

Debo contar que sus caminadas por la ciudad de Buenos Aires las terminaba en el Café Los Inmortales. Este era sitio de encuentro de la bohemia literaria. Un buen día, el administrador del café se quejó ante Evaristo Carriego y Florencio Sánchez porque ellos y sus contertulios no consumían alimentos, entonces ellos le contestaron: “Si no comemos es que somos inmortales”. De ahí en adelante tomó ese nombre, porque antes se llamaba Café Brasil.

Cuando se anunció la traducción al francés de la obra de Carriego en 1963, el escritor César Tiempo anotó: “Parece increíble que este muchacho cuya vida se extinguió a los 29 años cumpla ahora 80. Una edad que él no pudo ni hubiera podido alcanzar, conociendo como conoció tristezas y pobrezas y cuya parábola se cerró cuando por lo general empiezan a abrirse los ojos …”.

Quedémonos aquí, bandoneón, oyendo “murmurar al viento los poemas populares de Carriego”(7) y entonces sí sabremos:¿ qué tango hay que cantar?

  1. Sangre maleva (tango). Música: Dante Tortonese. Letra: Juan Miguel Velich/ Pedro Platas.
  2. El último organito (tango). Música: Acho Manzi. Letra: Homero Manzi.
  3. Margo (tango). Música: Armando Pontier. Letra: Homero Expósito.
  4. Zorro gris (tango). Música: Rafael Tuegols. Letra: Francisco García Jiménez.
  5. Milonguita (Estercita). Música: Enrique Delfino. Letra: Samuel Linnig.
  6. Roberto Giusti: Escritor. Fundador y director de la revista Nosotros.
  7. Farol (tango). Música: Virgilio Expósito. Letra: Homero Expósito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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laura-bandoneon

 

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