Discépolo y Mordisquito

No sin una sombra de nostalgia, te invito esta tarde, bandoneón, a sentarnos frente a la radio para escuchar a “Mordisquito”. Me dirás que ignoras quién puede ser, pero tranquilo, es un invitado de Enrique Santos Discépolo, el conocidísimo autor del tango Cambalache, pieza musical que tiene una de las letras más críticas a la sociedad y una visión desesperanzada de la condición humana. Claro, que espero que esta vez sí aciertes y me digas :¿qué tango hay que cantar?

Antes de mover el dial, te actualizo en el pasado de la República Argentina, allí en 1951 es llamado Discépolo a trabajar en un programa de Radio Nacional, que cubriría la audiencia de toda la República, y se llamó: “Pienso y digo lo que pienso”. Pues bien, allí teníamos dos protagonistas, uno es nuestro Discépolo y el otro su invitado: Mordisquito, un personaje creado por Discépolo, que era bravo, antiperonista, arribista y algo farsante en su pose de intelectual. Estamos en el gobierno de Juan Domingo Perón.

¿Qué pasó entonces? Pues que en tal programa se escuchaba a Discépolo- partidario del general Perón- exaltando su buen gobierno en un monólogo vibrante y llamando a Evita: la milagrosa. Hablándole de todo esto a Mordisquito que hacía las veces de invitado de piedra, pues porque no hablaba, como tampoco hablaban por la radio otros opositores al gobierno, ya que este medio de difusión era estatal y el Presidente no lo permitía. Solamente te contaré una que otra alocución de Discépolo hablándole a su invitado. Así empezaba:

¿A mí me la vas a contar?

“Te dejo. ¡Con tu conciencia! ¡Perón es tuyo!
¡Vos lo trajiste! ¡Y a Eva Perón también! Por tu inconducta. A mí lo único que me resta es agradecerte el bien enorme que sin querer le hiciste al país. Gracias te doy por él y por ella, por la patria que los esperaba para iniciar su verdadera marcha hacia el porvenir que se merece. ¿A mí no me la podés contar, Mordisquito!
Hasta otra vez, sí. Hasta otra vez.(…)

¿A mí me la vas a contar? Son 37 noches en que te dije todo.

El compromiso político de nuestro poeta al régimen lo sustentó en el apoyo del gobierno a los obreros, a los campesinos, a los sindicatos, en fin a muchas reivindicaciones laborales, además porque el país se hallaba en muy buenas condiciones económicas y daba la sensación de que la Argentina “era una fiesta”. Pero, ¿qué precio pagó? Perdió amigos, colegas, recibió infinitas críticas y amenazas por todos los medios. Si llegaba a un ambiente social no le saludaban y cambiaban de mesa, porque claro, aunque el peronismo es un fenómeno político que ha hecho correr mucha tinta, también tuvo acérrimos opositores y los tiene, por varios factores, entre ellos el populismo, el apego al poder, la violación a los derechos humanos, y bueno, esto se lo dejamos a los politólogos y al juicio del tiempo y de la Historia.

Podemos hacer una pausa en este ejercicio de la escucha y recordar algunos de los tangos más famosos de mi querida y emblemática figura del tango. Ya te hablé de Cambalache (1934), a este lo antecedió uno que lo presagiaba: Qué vachaché (1926). Amerita mucho análisis Yira Yira y seguimos encontrando piezas como Cafetín de Buenos Aires, Uno, Desencanto, en fin, es una lista de consideración, pero al menos por hoy, no la vamos a terminar.

Encuentro importante hacerte notar, fuelle, el alejamiento de los temas de estos tangos con los que teníamos antes, en términos generales, no se habla de la infidelidad de las mujeres, no se acusa a aquellas que hacen de su cuerpo un negocio, no se exalta la guapura de los hombres, ni se aplauden las pensadas venganzas y sí leemos una crítica al Estado y sátiras a la sociedad. Se transmite una visión del hombre como ser sujeto a lo eventual del destino o de la suerte y como dice Jorge Manrique en las Coplas a la muerte de su padre, como consejo, a las riquezas no les pidamos firmeza pues “son propiedad de una señora que se muda” y esa es la Fortuna, que gira.

Ahora sí, enseñemos a los lectores una corta biografía de Discépolo, que nació en el barrio Once de Buenos Aires en 1901 y murió en una vivienda del centro de la misma ciudad en 1951 y fue director, actor, dramaturgo, compositor y cineasta. Y te dije que escucháramos el programa radial con algo de nostalgia, porque este hombre nos llenó de los tangos más bellos y nos puso a pensar en “un beso que no llega”, cuando con Marianito Mores escribió el tango Uno.

Este Discepolín, como le decían cariñosamente, murió pesando 37 kilos, sumido en una inmensa tristeza, pagando un precio político por su ideología peronista. Vivió el contenido filosófico de sus tangos en que se muestra la terrible verdad de no poder escapar de uno mismo, a lo mejor recordaría su propio verso de la Canción desesperada: “Dentro de mí mismo me he perdido”.

Sergio Pujol, quien escribiera su biografía, dice: “Dos años después de su muerte, cuando las trincheras políticas ya no lo necesitaban, pero varios de sus tangos seguían golpeando en la conciencia colectiva, Discépolo fue recordado por el escritor Nicolás Olivari en una nota memorable. Allí Olivari aseguraba que el autor de Yira Yira había sido el perno del humorismo porteño, engrasado por la angustia”.

Despidámonos, fuelle, cantando el tango Cambalache:

Que el mundo fue y será una porquería
Ya lo sé…
(¡En el quinientos seis
Y en el dos mil también!”(…)

 

 

 

 

 

 

laura-bandoneon

 

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