CANARO, O DONDE VIVE MI NOSTALGIA

A Ernesto Bedoya, mi padre.

El sentimiento que conduce hoy estas páginas, fuelle, viene de un género literario que existió en la antigua Grecia llamado Nóstoi que significa los regresos y estuvo compuesto por los relatos de quienes regresaron de la guerra de Troya. El más sobresaliente de todos ellos fue el de Odiseo, a quien vieron llorar en una playa añorando volver a su patria, Ítaca, despreciando la inmortalidad que le ofreciera la ninfa Calipso. Repetía el protagonista de la Odisea: nostos. Con el paso de los años este vocablo evolucionó en la palabra nostalgia.

Es esa nostalgia, la del regreso, la que nos acompañará hoy, cuando lleguemos hasta Francisco Canaro, un nombre infaltable en la historia del tango y allí en su oficina de SADAIC (1) le haremos un homenaje, por mi nostalgia, por estar en la entraña del tango, por el vibrato de su violín y por las letras y notas de sus tangos, valses y milongas que me harán regresar a esa anterior patria que se llamó infancia.

Pero vamos a entrar primero por esta puerta que tiene el número 1574 en la calle Lavalle y que en su anuncio dice SADAIC, porque aquí se concretó la idea que tuvo Canaro con otros músicos y compositores para defender los derechos de autor y proteger la propiedad intelectual de los creadores de obras musicales.

Y empiezo a hablar de este legendario personaje: recordemos que le decían “Pirincho” porque al nacer parecía un pájaro encrestado. También perviven los refranes que circulaban en torno a su vida como: “Tiene más plata que Canaro” o “De cuando Canaro ya tenía orquesta”.

Si yo te enunciara todos los emprendimientos de “Pirincho” te quedarías sin respiración. Empecemos: incorporó el cantante a la orquesta para entonar los estribillos, incursionó en el tango sinfónico, fue pionero en el cine sonoro, con decirte que llegó a ser productor de Gardel, trabajó en la radio y montó comedias musicales con Ivo Pelay. Se cuentan en su haber 3.500 grabaciones. Fue con su orquesta a París y a Japón. En este último le hicieron recibimiento de jefe de Estado.

Veamos a Canaro en París. Viajó hasta allí en 1925 y debutó vestido de pampeano por exigencias del contratante en el escenario del Dancing Florida. Fue todo un éxito y en ello se inspiraron Juan Cardarella y Alejandro Scarpino, con José Scarpino para el memorable tango Canaro en París que ha sido interpretado por un sinnúmero de orquestas y músicos.

Nos dejó muchas obras, pero me voy a referir al vals Bajo el cielo azul, que fue cantado por Francisco Amor, quien ante el público alzaba los brazos para entonar : “Bajo el cielo azul de mis montañas…” y el escenario se tapizaba de flores. No en vano ha sido esta una de las piezas que me ha traído a “rehacer los pasos que en un pasado paradisíaco nos unían a la vida” (2).

Con mis hermanos, hemos recordado cuando, siendo niños, veíamos llegar a mi padre a la casa a poner en una victrola los valses de Canaro y especialmente este que he reseñado. 

Suele decirse que cuando una canción se mete en la hondura del pueblo, es que triunfó, entonces retomo Tiempos viejos (3) porque sus versos se quedaron viviendo en lo que sería la sabiduría popular. Dejo rodar la letra:

Tiempos viejos 

¿Te acordás hermano? ¡Qué tiempos aquellos!
Eran otros hombres, más hombres los nuestros,
No se conocían cocó ni morfina,
los muchachos de antes no usaban gomina.

¿Te acordás, hermano? ¡Qué tiempos aquellos!
¡Veinticinco abriles que no volverán!
Veinticinco abriles, volver a tenerlos,
si cuando me acuerdo me pongo a llorar.

¿Dónde están los muchachos de entonces?
Barra antigua de ayer ¿dónde está?
Yo y vos solos quedamos hermano,
yo y vos solos para recordar… (…)

Después de escuchar Tiempos viejos, nos despedimos de Canaro, un uruguayo de la ciudad de San José de Mayo venido al mundo en 1888 para ser director, compositor y violinista. El día que en compañía de Mariano Mores musicalizó estas líneas de Ivo Pelay: “Adiós pampa mía!…/Me voy a tierras extrañas/adiós, caminos que he recorrido…” seguro que no pensó que de estas letras haríamos remembranza en el último de los adioses el 14 de diciembre de 1964 cuando dejó para siempre el arco y la batuta.

Hoy más que nunca quisiera saber, bandoneón:¿qué tango hay que cantar?

(1 ) SADAIC: Sociedad de autores y compositores argentinos.

(2) El laberinto de la soledad. Octavio Paz.

(3) Tiempos viejos:(Tango). Música: Francisco Canaro. Letra: Manuel Romero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

laura-bandoneon

 

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