CANARO, O DONDE VIVE MI NOSTALGIA

A Ernesto Bedoya, mi padre.

El sentimiento que conduce hoy estas páginas, fuelle, viene de un género literario que existió en la antigua Grecia llamado Nóstoi que significa los regresos y estuvo compuesto por los relatos de quienes regresaron de la guerra de Troya. El más sobresaliente de todos ellos fue el de Odiseo, a quien vieron llorar en una playa añorando volver a su patria, Ítaca, despreciando la inmortalidad que le ofreciera la ninfa Calipso. Repetía el protagonista de la Odisea: nostos. Con el paso de los años este vocablo evolucionó en la palabra nostalgia. … 

 

LA MARIPOSA Y LA MUERTE

Me he propuesto, bandoneón, caminar por un jardín lleno de rosas y es aquí a donde quisiera convidarte, pero antes, a manera de obertura, te voy a enseñar un verso a la flor de las flores, de José Saramago: “… alzo una rosa, sí, y oigo la vida…” y como contraposición a este canto se me aparece el tango de Leopoldo Marechal: La mariposa y la muerte que guarda hondos pasajes en los que figura el espectro de la muerte y sus distintas caras en una seductora danza en torno a la rosa.

Te propongo que dejemos sonar el tango La mariposa y la muerte al que le puso música Armando Pontier.

“Una vez mi corazón,
dijo en son de profecía
cuando yo empecé a quererte,
es sobre tu medio día,
puede girar la canción,
la mariposa y la muerte…

Subía al cielo, subía
la rosa en su elevación,
y sobre aquel mediodía
pudo girar la canción.
Al mediodía, orgullosa,
no se negaba la rosa,
y en su ambición le ponía
su cerco a la mariposa.

Ya en su ardiente mediodía,
la rosa tentó la suerte,
y llevársela quería,
en su caballo la muerte (…)”.

Ya escuchada la pieza musical y como si regresáramos de un funeral, nos podríamos adentrar en consideraciones sobre la muerte, sobre lo efímero de la vida que siempre nos lo confirman las rosas y la buscada mariposa de los poetas. Pero no, vamos a ver en estos versos la belleza y quizás escuchar, como lo dijo el poeta, al corazón hablar de una profecía y también caminaremos por los senderos de este tango poblado de metáforas y de misterios.

Te hablaré de la rosa, centro de este poema transformado en tango. Y bueno, el rosal y la rosa que por su hermosura le cantan a la vida a pesar de la brevedad de su existencia, los dos conceptos de vida y muerte que puede contener el contemplar una rosa. El autor de estos versos de La mariposa y la muerte ya nos había dicho que la rosa podía desafiar la corrupción desde el instante en el cual se instalaba en el pensamiento de un otro, “porque la flor pensada no era tal o cual rosa, sino todas las rosas que habían sido, eran y podían ser en este mundo: la flor ceñida a su número abstracto, la rosa emancipada del otoño y la muerte,…”. Y como diría Alfonso Reyes: “La mente se venga de la muerte adorando lo que vive un día”.

Te preguntarás, de dónde salió este tango La mariposa y la muerte, y habré de decirte que no vino de un letrista de tangos, pero sí de un poeta cuya escuela nos ha venido acompañando en estas columnas, pues viene de la revista Martín Fierro. Te presento a Leopoldo Marechal autor de la novela Adán Buenosayres, considerada como fundacional y recojo las palabras de Osvaldo Cambria: “Si bien en el Adán Buenosayres Marechal no expresa específica apología del tango sino alguna que otra mención de estrofas tangueras, el solo hecho de que la obra se desarrolle en Villa Crespo de los años 20 crea una tácita presencia de guitarras, de bandoneones, de taitas y de bailongos en patios emparrados, que sutilmente permean toda la obra de la esencia del tango”. Dejó una obra bien importante en teatro por ejemplo con Antígona Vélez, en poesía con Centauro y Sonetos a Sophía, además de ensayos, novelas y cuentos. Nació Marechal con el 1900 en Buenos Aires, y murió en 1970.

Te invito, fuelle, a despedirnos de este grande recordando sus letras en Descenso y Ascenso del alma por la belleza: “A los artistas hablo sobre todo, a los artistas que trabajan con la hermosura como con un fuego: tal vez logre yo hacerles conocer la pena de jugar con el fuego sin quemarse.

Vivir como la rosa aunque la cerque la muerte con antifaz de caballo o mariposa o con el posible fuego.

Y así sobrecogidos por la belleza, me podrás decir, bandoneón: ¿qué tango hay que cantar?

 

 

 

 

 

 

 

DÍA NACIONAL DEL TANGO

Estas líneas han sido escritas pensando en mi ciudad y su sentir por el tango, también están pensadas en la comunidad tanguera de la academia El candombe, especialmente en mis profesores quienes proyectan el misterio del abrazo en sus alumnos y sobre todo en Jhonny Blandón, su director, quien asumió que su destino está en el tango “

… 

 

UN TANGO PARA RACING CLUB

Hace mucho rato, bandoneón, que estoy metida en una fila en el estadio Perón para comprar entradas y ver al equipo de futbol Racing Club de Avellaneda enfrentado al Independiente de Avellaneda. Lo que se traduce en asistir a un verdadero clásico. Si no te parece muy atrevido, te voy a decir la verdad, solo veré este partido para hacerle un homenaje al bandoneonista Vicente Greco. Era un fiel hincha del Racing -la Academia le decían- y le compuso un tango que lleva el nombre del equipo y ¡qué sabor milonguero tiene esta pieza! Y “… porque sos vos Racing Club la gloria del tiempo de oro”. … 

 

“…RECUERDOS DE RECUERDOS DE OTROS RECUERDOS…”

No siempre está a la mano un tema para la inspiración. En lo que atañe a la composición de un tango, si uno se asoma a la obra de Evaristo Carriego, se acerca a una veta generosa que le provee lo más bello venido de la misma entraña del dos por cuatro. El título de esta columna no es más que lo que ha dejado Borges en sus escritos sobre Evaristo Carriego, vecino suyo en el barrio Palermo, amigo de su padre, visitante de su casa los domingos y amigo de sus amigos.

… 

 

BAILATE UN TANGO, RICARDO

Bandoneón, estamos citados a presenciar un duelo que sucedió en el pasado. Y resta advertir que debes dejar de lado el modelo de los duelos de capa y espada, porque este es uno con cortes, puente macho y media luna. Que no son lances de esgrima, son pasos de tango. Y mira quiénes bailaron este duelo de tango: el escritor Ricardo Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra, con Carlos de la Púa, autor de La crencha engrasada.

… 

 

Seda dulce de tus trenzas

Tengo que confesar, bandoneón, que ha sido el título de esta columna el que me ha obligado a escribir sobre Homero Expósito, poeta y autor del tango Trenzas, composición adornada de metáforas. Y es precisamente esta figura literaria la que ha poblado sus piezas musicales. Un día lo oímos decir que “nadie puede escribir un tango si no sabe escribir un soneto”.

… 

 

Discépolo y Mordisquito

No sin una sombra de nostalgia, te invito esta tarde, bandoneón, a sentarnos frente a la radio para escuchar a “Mordisquito”. Me dirás que ignoras quién puede ser, pero tranquilo, es un invitado de Enrique Santos Discépolo, el conocidísimo autor del tango Cambalache, pieza musical que tiene una de las letras más críticas a la sociedad y una visión desesperanzada de la condición humana. Claro, que espero que esta vez sí aciertes y me digas :¿qué tango hay que cantar?

… 

 

Hoy vas a entrar en mi pasado

Te estoy invitando, bandoneón, a visitar un monumento en la ciudad de Buenos Aires, pero no va a ser el del General José de San Martín, ni el de Cristóbal Colón, ni el Obelisco; es un tango que por su música y letra puede ser considerado como algo monumental: Los mareados. Allí veremos la poética de su letra, inspirada en uno de los versos del famoso poema La despedida, del poeta Paul Geraldy.

… 

 

La crencha engrasada

Por cosas de la literatura, te toca hoy, bandoneón, salir de tu zona de confort, leer algunos versos y luego decirme: ¿qué tango hay que cantar?

…