Nuestros amigos alados

Alimentar aves en libertad hace parte de una tradición ligada al origen campesino de los ancestros que conformaron esta urbe. Hoy, ciudadanos solidarios alimentan palomas y tórtolas en parques públicos; pioneros de la renovación de la arborización urbana lucharon para que parte de ella fuera frutal y de grandes flores, generando comida para los pájaros.

Pese a las malas condiciones del medio ambiente urbano en Medellín, especialmente en cuanto a contaminación del aire, déficit en espacio público verde y cifras negativas en cuanto al balance de árboles con relación a la población (se requiere la siembra de más de 700 mil árboles), este valle interandino goza todavía de la presencia especial de aves que alegran la vida urbana y que, en libertad, hacen parte de la cotidianidad de ciudadanos que los reconocen, valoran y ayudan.

La ciudad de cemento es mejor con una gran fauna alada en libertad. Esta sí que es una característica positiva de Medellín. Guacamayas que hacen su vuelo en un triángulo entre Jardín Botánico, Zoológico y El Poblado, bandadas de loros en el Centro y otros sectores, palomas y tórtolas en los parques, alcaravanes en zonas verdes; azulejos y bichofué en árboles y balcones constituyen un tesoro natural de la ciudad. Se unen a ellos, pájaros migratorios que cruzan esta zona buscando sus sitios para anidar, y, en los últimos años, colonias de ibis y garzas blancas que se asientan en sitios del río. Seguro, cada uno tiene en la memoria la imagen de un colibrí, una tángara, un cardenal fugaz, que alegró su caminar.

Mi abuelo paterno mantuvo hasta su muerte un rito diario de madrugada: la fruta, el agua y el grano para los amigos alados no faltaban, día a día, en el solar de su casa en el barrio Buenos Aires. Un mango y un naranjo eran los lugares destinados para que llegaran los pájaros con sus cantos y colores. Estoy seguro de que si alguna contingencia de familia lo retrasaba, los trinos se hacían distintos, como una especie de reclamo por la falla.

Alimentar aves en libertad hace parte de una tradición ligada al origen campesino de los ancestros que conformaron esta urbe. Hoy, ciudadanos solidarios alimentan palomas y tórtolas en parques públicos; pioneros de la renovación de la arborización urbana lucharon para que parte de ella fuera frutal y de grandes flores, generando comida para los pájaros. Personas en sus patios o balcones mantienen comida disponible para aves que surcan sus entornos, o para las migratorias que cruzan nuestro cielo. Es una expresión de solidaridad con otras vidas que nos tenemos que reconocer.

No todo es idílico en este asunto. Paralelo al cuidado de las aves hay también prácticas nefastas como matarlas, con cauchera o rifle de aire comprimido, poseerlas en cautiverio, o traficar con ellas. Los humanos somos con las aves, como con el resto de la vida, un poco bipolares.

Hay también polémicas, como las que se presentan por la multiplicación de palomas que terminan afectando a las personas en sus viviendas, o en iglesias o edificios públicos. Lo mismo, se presentan inquietudes sobre las que algún día se tendrán que ocupar los expertos, como la adaptación de algunas especies, en especial ibis y garzas, en zonas del río todavía profundamente contaminadas.

Creo que, con polémicas y todo, cuidar y proteger a nuestros amigos alados es positivo para la ciudad. Es una tarea que cada vez debemos fortalecer, pues se constituye en un bien que nos ayuda a un mejor vivir en medio del entorno, a veces hostil, de la ciudad.

Cuidar a nuestros amigos alados es cuidarnos a nosotros mismos.

Aves que alegran la vida urbana.

Aves que alegran la vida urbana.

En la urbe usan los techos; normalmente anidan en el suelo.

En la urbe usan los techos; normalmente anidan en el suelo.

Uno de los mas comunes en Medellín.

Uno de los mas comunes en Medellín.

Los rapaces también hacen parte de la fauna urbana.

Los rapaces también hacen parte de la fauna urbana.

Canto y color.

Canto y color.

 

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