¿Derecho al paisaje?

Pendiente de esta tragedia, vuelvo sobre un asunto colateral, que, a mi juicio, no es de menor importancia. ¿Existe un derecho ciudadano al paisaje? ¿Puede el interés económico extractivo, transformar el paisaje, lucrándose del mismo, con perjuicio de un bien de todos?

Un pedazo de montaña se viene abajo y deja 16 muertos, entre trabajadores de una mina y transeúntes, así como varios días de cierre de una vía principal y decisiones de suspensión temporal de explotaciones en la ladera nororiental del Valle de Aburrá. Siempre duelen los muertos, tanto quienes se van por la acción criminal de los humanos, como a quienes un albur del destino los hace “víctimas de la naturaleza”.

Espero que las autoridades determinen pronto responsabilidades y que se controle, buscando que casos como este no vuelvan a ocurrir, la explotación de minas como la de Copacabana y todos los procesos extractivos que afecten tanto a los ciudadanos como al medio ambiente en Antioquia.

Pendiente de esta tragedia, vuelvo sobre un asunto colateral, que, a mi juicio, no es de menor importancia. ¿Existe un derecho ciudadano al paisaje? ¿Puede el interés económico extractivo, transformar el paisaje, lucrándose del mismo, con perjuicio de un bien de todos?

Parte de lo que deja la explotación de material mineral, tanto en las canteras de la vía Medellín-Bogotá, como en la minería a cielo abierto del carbón, o del oro, es un cambio dramático de las condiciones del paisaje. En nuestro caso, la montaña, referente verde de nuestra geografía, cambia a un “peladero” gris, que agrede la vista.

Pero ese referente verde viene cambiando también sus condiciones, paulatinamente, en la ciudad metropolitana, con la ocupación de las laderas. El paisaje que el ciudadano de esta urbe disfruta, se ve cada vez más intervenido por construcciones, que no siempre representan un cambio positivo. Un caso extremo, relacionado, es el de quienes gozan de algún tipo de vista y de un momento a otro les es interrumpida definitivamente por alguna construcción.

Un somero rastreo, muestra que del “derecho al paisaje” en nuestro país, ya se han ocupado tesis y publicaciones académicas. Se precisan las condiciones del paisaje natural (recurso), o el paisaje construido (producción humana), pero se indica que no hay claridad en la normatividad vigente, sobre el mismo para su protección y manejo. Señalan dichos textos que la categoría de “paisaje cultural” (como el cafetero), conjuga de mejor forma las relaciones entre lo “natural” y lo “producido”, como construcción cultural.

Más que hacer teoría sobre el asunto del paisaje, creo que el mismo es cercano al sentimiento, pero que se cruza con el interés particular, y con los cambios que produce la acción del hombre sobre el entorno. Para este valle metropolitano, creo que habría que regular la intervención de las montañas, aún con explotaciones forestales, y la construcción de edificaciones, cuya presencia afecte a otras previas, o deteriore de manera evidente el conjunto.

El verde de nuestras montañas es patrimonio, lo mismo que el conjunto de espacios públicos y privados que ofrece la ciudad. Nuestra vulnerabilidad en ese campo es la propensión a la almadana, que hace que lo construido caiga en favor del interés del momento. Algo que deberíamos cambiar, si hacemos caso de los visitantes de muchas otras regiones, que se maravillan con nuestro paisaje.

Proteger esa propiedad colectiva.

El entorno natural y el entorno construido.

El entorno natural y el entorno construido.

La montaña tras la explotación de canteras.

La montaña tras la explotación de canteras.

Armonía entre lo natural y lo construido.

Armonía entre lo natural y lo construido.

Los detalles hacen el paisaje urbano.

Los detalles hacen el paisaje urbano.

Proteger nuestro patrimonio verde.

Proteger nuestro patrimonio verde.

 

caminante-urbano

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.