Ahorro inteligente

Lo que debería ser práctica normal es ahora promovido como medida de choque para superar la crisis.

Llaman con carácter imperativo a los ciudadanos para que ahorren agua y energía ante una sequía, el “fenómeno del niño”, que durará dos o tres meses más. Lo hacen reclamando, como actitudes extraordinarias, no malgastar, ni derrochar los recursos. Lo que debería ser práctica normal es ahora promovido como medida de choque para superar la crisis.

Los antioqueños, en especial quienes vivimos en Medellín y el Valle de Aburrá, arrastramos una propensión al descuido en el uso del agua y la energía. Con fuentes de agua que brotan por todos lados de estas montañas, con una empresa como EPM que promociona con orgullo sus niveles de cobertura de usuarios, especialmente en sectores deprimidos y vulnerables, hemos vivido en una burbuja de descuido y mal uso de servicios básicos como agua y energía.

Antes de que se hablara de “mínimo vital”, y de “agua prepago”, las comunidades, por ejemplo en el oriente antioqueño, protestaron por el cobro del servicio, al cambiar del uso de servidumbres a sistemas de acueductos con tratamiento del líquido; el agua siempre ha estado ahí, hacía parte de su razonamiento. En sectores de ciudad, como El Poblado, prácticas como el lavado de autos y viviendas a chorro limpio y el uso masivo de electrodomésticos por fuera de la satisfacción de necesidades básicas, han sido permanentes; no falta escuchar, ante el reclamo por el mal uso, la expresión “para eso la pago”.

Del derroche pasamos al robo, al punto de que hace dos años, la misma EPM lideró una campaña para bajar los niveles de contrabando de agua y energía en el Valle de Aburrá, que se van volviendo críticos. Al tiempo, crece el número de “desconectados” de los servicios públicos de agua y energía por imposibilidad de pago, lo que ha llevado al alcalde de Medellín Federico Gutiérrez a retar a Empresas Públicas para que supere esa situación.

Nos llaman pues ahora, a que no derrochemos agua y energía en la coyuntura, cuando de lo que se trata es de que cambiemos del todo nuestros comportamientos.

La noticia que nos trae el cambio climático es que los recursos, como el agua y la energía se vuelven escasos, cambian en sus posibilidades de satisfacer nuestras necesidades, o se acaban. Eso no es claramente entendible para generaciones y pueblos enteros que piensan que “el agua sale de la llave”, o que es normal conectarse de forma fraudulenta a una red de energía.

Por el momento debemos también entender que el agua que consumimos viene de muy lejos (en el caso de Medellín del norte y oriente de Antioquia), para traerla en condiciones de uso hay que hacer fuertes inversiones, no sólo en redes y plantas, sino en protección de ecosistemas como los páramos; lo mismo pasa con la energía; así que el asunto es más complejo que abrir una llave, o accionar un interruptor.

El llamado es pues a ahorrar y racionalizar el uso del agua y de la energía, convirtiéndolo en parte de nuestra vida cotidiana. Atrás, de por vida, deben quedar comportamientos descuidados e irresponsables en el uso de recursos naturales y servicios básicos. Si continuamos con el derroche, aun cuando lo que sigan sean inviernos igualmente largos, más temprano que tarde la escasez de agua y energía será definitiva y no bastará con reclamarlas como derecho, o con decir que se tiene con qué pagarlas. Créalo.163-03-15 (2)

 

caminante-urbano

 

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