Berlín: ¿El caballero en armadura o el bobo envuelto en papel de aluminio?

Berlín es una de mis ciudades favoritas (por no decir mi ciudad favorita para que las demás no se pongan celosas). Me sorprende por que a diferencia de sus hermanas europeas Berlín cambia constantemente. Siempre ofrece algo nuevo por conocer y está llena de secretos.

Por eso en el fondo (acá entre nos) he tenido el deseo de ir a vivir allí, por lo menos una temporada. Quisiera saber si lo que siento cuando llego a esa ciudad es real, si en verdad es el caballero en brillante armadura o si es un bobo en papel de aluminio que aparenta lo que no es.

Aunque no creo, Berlín no defrauda a quien decide conocerla. No es como esas ciudades que muestran algo externo pero en el fondo no son reales, esta ciudad es verdadera con todo y sus defectos.

La conocí en 1996, había ahorrado meses para hacer mi primer viaje de mochilera. No quería dejar pasar la oportunidad de visitar un lugar del cual había leído tanto y me emocionaba al pensar en esas imágenes tan recientes de la caída del muro. Llevábamos varias semanas por Europa siguiendo el presupuesto exacto que nos daba para una Coca-Cola y una lata de atún al día (literalmente).Pero Berlín nos recibió con su primera sorpresa: era barata. Pudimos quedarnos en un hotel, tomar cerveza y hasta ir a una discoteca con ángeles bailando y volando colgados en arnés. Sí, ese día descubrí la música electrónica. El Love Parade existía mucho antes de que Ultra o Tomorrowland fueran famosos.

En el techo del hotel había un símbolo de Mercedes Benz en movimiento y desde la ventana la vista a una iglesia bombardeada, sin techo (aún permanece así Kaiser Wilhelm). El contraste era obvio.  Ese mismo día pasaban ejecutivos en bicicleta y gente en la calle vestía como vampiros, de negro, con las caras blancas: eran góticos; igual a como me gustaba ser en el colegio. Nada que hacer, Berlín y yo fuimos amor a primera vista.

En esa época todavía se veía la diferencia entre Berlín Este y Oeste, en la ropa, en la expresión de las personas, la arquitectura, en el arte underground (al que nos llevo un amigo local, “galerias” dentro de sótanos en edificios casi caídos expresando lo que prohibido). Era pasar de un mundo al otro cuando se cruzaba cada lado de la ciudad. La ciudad parecía vivir en un tiempo diferente, en el futuro en muchos aspectos, adelantada para su época, pero al mismo tiempo en el pasado, Berlín tenía su tiempo, su espacio y su forma; no podía definirse estaba como un adolescente decidiendo que quería ser. Esa es su magia, no se parece a nadie, es ella misma sin comparación.

Dentro de sus maravillosos contrastes descubrir las calles de esta ciudad fue y sigue siendo una puerta para reconocer un mundo nuevo. Un mundo donde Berlín es perfecta en toda su imperfección, me encanta por que me parece una ciudad que ha vivido los momentos más difíciles de la historia, pero que aprende de ellos y se recupera, se reinventa. Me sorprende que siempre renace.

Creo que por eso me gusta, me recuerda a mi misma, me recuerda a todos; a quienes han tenido momentos duros en su historia de vida, que se han dividido, que han puesto un muro dentro de ellos, han cometido errores y cargan cicatrices, pero deciden seguir y transformarse, comprendiendo que todo eso es lo que los hace lo que son: únicos, distintos, completos.

Berlín enamora por ser quien es con todo lo que allí ha sucedido. Es como un ser humano que aprende de sus vivencias. No olvida pero tampoco para su marcha. Hace 27 años, el 9 de noviembre de 1989 cayó el muro,  es ahora una cicatriz en forma de  línea que marca la ciudad, un espacio para que las siguientes generaciones comprendan la importancia de la historia para no repetirla, los pedazos que aún siguen en pie, como en East Side Gallery, se han convertido en memorial a la libertad de expresión. Todo en Berlin conlleva algún significado: El Parlamento (Reichstag) tiene el techo en vidrio, un espiral donde los visitantes pueden ver a los gobernantes tomar decisiones, un símbolo de transparencia y la responsabilidad que tienen los ciudadanos en escoger sus representantes y estar atentos a las políticas que se aprueban en el país.

Pero también está lo nuevo, los museos, parques, restaurantes, bares, tiendas, barrios enteros, música, arte, arte y más arte, que se mezclan con una diversidad que sólo se ve en esta ciudad, no hay que ir a un lugar especifico; Berlín completa es la atracción. Ella ya definió su personalidad y la expresa en cada uno de sus poros.

Por eso fue mi primer destino apenas pude tomar un avión después del colapso de pulmón. Pasé mi cumpleaños 33 en el aire y en Berlín, mi símbolo de  aprender de las experiencias de vida y renacer con ellas sin negarlas, y a pesar de que generalmente visito una ciudad nueva por que quiero conocer todo el mundo, he vuelto 5 veces a Berlin, siempre encontrando una disculpa para ver con ojos nuevos esta ciudad a la que siempre vale regresar.

Tips para la primera vez:

  • Sandeman’s Tours: Desde Starbucks en la puerta de Brandemburgo, estos tours diarios gratis son una gran manera de conocer la ciudad. No sólo los puntos mas importantes sino también la historia del muro, el Berlín Nazi y visitar el campo de concentración cercano. www.newberlintours.com

  • Tomar los buses: Una de las formas más baratas de viajar es usando el transporte de los locales. El bus 100 recorre la mayoría de lo puntos turísticos de Berlín.

  • Visitar el domo del parlamento. Gratis con registro previo online. Por su historia, la vista de la ciudad y el significado del lugar vale la pena ir. www.visite.bundestag.de

Visitas al ParlamentoMemorial El muro de BerlinPara recordar siempreEast Side Gallery

 

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