Serendipia: hallazgos inesperados

“Una serendipia es un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta. También puede referirse a la habilidad de un sujeto para reconocer que ha hecho un descubrimiento importante aunque no tenga relación con lo que busca”.

serendipia

Todos sabemos que la vida es un viaje, empezamos recorriendo un lugar desconocido, crecemos, aprendemos y debemos partir. Y durante ese tiempo es muy probable que en algún momento nos hagamos preguntas: ¿Quién soy?, ¿por qué estoy aquí?, ¿cuál es mi propósito?, ¿qué sigue?, ¿por qué me pasa esto?

En ocasiones sentimos la necesidad de búsqueda constante y resolver preguntas existenciales. Y allí, buscando algo en particular, sucede una serendipia, ese momento donde descubres lo inesperado y encuentras justamente lo que no estabas buscando. Podemos llamarlo casualidad, coincidencia o accidente. Chiripa.

Mis preguntas existenciales me llevaron a creer que las respuestas estarían en India, grandes gurús sabrían decirme como vivir mejor, en paz, me explicarían mi propósito y claramente me informarían por qué habito este planeta. Estaba dispuesta a hacer lo necesario: ayuno, raparme la cabeza, dejar lo mundano, todo con tal de encontrarme. Sin embargo empezaron los “accidentes”. Al aterrizar en la escala en Nepal supe que necesitaba visa para poder entrar a India, así que no podía abordar el avión, si quería viajar debía quedarme varios días en Katmandú mientras se hacía ese trámite.

Mi instinto “zen” me decía que debía alejarme lo más posible para por fin descubrirme. Así que lo más indicado mientras esperaba la visa era irme al Tíbet, donde los monjes budistas. La vida me tenía una nevada sorpresa que tampoco me permitió llegar allí.

De nuevo un obstáculo dañaba mis planes de autodescubrimiento. De repente un afiche en una ventana de la oficina de visas llamó mi atención. La foto era una lago cristalino donde claramente se reflejaban los Himalaya. Seguro que si viajaba allí me iluminaría. Pokkara era mi esperanza para descubrir la paz invulnerable; esa conexión donde todo sería tranquilidad.

La realidad fue encontrarme un sitio lleno de mochileros, música, fiesta, tiendas, sin mencionar que llovía y el lago no reflejaba absolutamente nada (llegué de noche). Es imposible encontrar respuestas en este caos, pensé. Así de nuevo busqué la soledad y después de varias horas, un viaje en bote y una gran caminada montaña arriba con mi mochila al hombro llegué a Begnas Lake. Descubrí después que se podía llegar fácilmente en taxi, ¿pero qué valor tendría la falta de sufrimiento, lo cómodo y fácil para alguien que buscaba evolución espiritual como yo?. (Eso me dije para no sentirme tan mal con la tumbada que me habían pegado para llevarme allá).

Ese era el lugar, el de postal, el de las respuestas, en la terraza del hotel pensaba que todo tenía sentido, veía a los huéspedes de bata blanca, caminando sonrientes, algunos leían, otros contemplaban la distancia, parecía que esas esas toallas envueltas en sus cabezas no pesaban, ni que los aceites de tantos olores los mareara, se notaba que ellos sí se conocían, si sabían, yo quería ser así, sentí que para algo había llegado allí, el Universo había entrelazado sucesos increíbles e inesperados para que yo estuviera ese día sentada justamente en este espacio, en este tiempo admirando el lago, todo tenía un orden perfecto, en ese momento por fin entendería el sentido de mi vida, mi destino y… sonó Shakira.

Sí, Shakira en medio de los Himalaya, en medio de la nada, en una fiesta de adolescentes en la montaña de al lado. En mi “oasis” existía música conocida a todo volumen, empecé a notar que los huéspedes tenían celulares, e incluso algunos tomaban vino. No podía ser. Ir al fin del mundo para encontrarme con lo mismo de siempre ¡que platica tan perdida! Mi desarrollo espiritual estaba siendo saboteado, todos tenían la culpa.

Completamente aturdida porque las cosas no eran como yo las esperaba, salí a caminar, preguntándome a cuál lugar del planeta tenía que ir entonces para resolver temas tan importantes. En medio de mi rabia olvidé la noción del lugar y me perdí, el sendero me alejó del hotel, no sabía dónde estaba.

Entonces Ella llegó a mí, se acercó con curiosidad por mi cámara y me dijo Namasté. No tenía mas de 10 años, me incliné a saludarla y le pregunté cómo se llama: Unnica, me dijo.

De los viajes que amo hacer y de las fotos que tengo esta es una de mis favoritas. Nos conocimos en Nepal, cada una caminando por un motivo diferente el mismo sendero en los Himalayas. Le pregunté su nombre: UNICCA. Busqué explicarle lo que esa palabra significaba en español pero esta fue nuestra conversación: Un saludo de reverencia a nuestras diferencias únicas desde nuestra igualdad.

Me sorprendió su nombre, que coincidencia que resonara en español, que casualidad que tuviera significado, que accidente equivocarme de ruta para haberla conocido. En este momento me di cuenta de los campos de arroz, de las mujeres arando la tierra, las arañas, las risas, los colores. La vida que sucedía a mi alrededor, tal y como ella era. No necesitaba esperar, entender, responder, todo estaba pasando ahí… todo sucede ahora.

Perderme en el camino fue una serendipia de vida.  Unnica y yo pudimos hablar sin palabras. Que tal que nuestras características sean diversas, diferentes, únicas, por que se necesita que así sean, puede ser que todos y cada uno de nosotros cumplamos un rol, que la vida se exprese a través de nosotros COMO nosotros, en esa forma exacta.

Nada de esto resolvía las preguntas que creía tener, pero tuve “un hallazgo inesperado”  Yo era única,  tú eres único, lo que llamamos “caos” no es impedimento para ser, la paz también habita en el ruido, dentro de esa cotidianidad también está el viaje al interior. En el camino de Annanpura en los Himalaya o en la sala de la casa, en esos encuentros inesperados están los amigos, los amores, la fortuna, el propósito, lo que no creíamos posible, lo inexplicable.

En la quietud y en el movimiento, todo se une, todo tiene sentido. Aunque queramos llamarlo accidente, coincidencia, casualidad. El viaje de la vida es continuo, está en nosotros el decidir dejarnos sorprender, fluir y disfrutarlo hasta que llegue el momento de partir. Tal vez las respuestas a las preguntas existenciales estén en existir.

Generalmente en esa búsqueda de respuestas emprendemos un viaje, puede ser físico, donde literalmente viajamos o otros lugares, un viaje interior o incluso un viaje por medio de las letras, libros, películas y hasta canciones. Añoramos encontrar “ese algo” que perdimos, o esa razón que nos explique el porqué de las cosas de esta vida.

¿Y qué tal que ese algo ya esté allí y no lo hayamos visto?