Beatriz Olano, invasora de espacios

Beatriz Olano, invasora de espacios
La artista antioqueña, conocida por sus obras de geometría abstracta, engalana esta y las anteriores tres portadas de Vivir en El Poblado

Sería fácil imaginarse la casa de Beatriz Olano invadida de líneas y colores. Sin embargo, la decoración del apartamento que habita, en el barrio Astorga, revela paredes llenas de libros y obras suyas. En la decoración de su casa, Beatriz prefiere no invitar al minimalismo, ese movimiento que la ha definido como artista. Tampoco hay estructuras intervenidas, aquellas que a la hora de pintar son las que más la entusiasman.

El gusto por romper con los espacios lo descubrió después de haber estudiado artes plásticas en Nueva York. Cuando colgaba sus cuadros, limitados por los centímetros del papel o lienzo, veía que las paredes donde los ponía, adquirían protagonismo. Así fue integrando su arte a las estructuras. Parecía como si su fascinación juvenil por la arquitectura regresara de aquellas tardes de juego con Lego y Estralandia, dibujando planos y visitando obras en construcción. Pero fue a una edad más adulta cuando encontro, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el cuadro titulado Mujer ante el espejo. En este, los colores envuelven a Marie-Thérèse, la amante de Picasso. Esa obra, serena y fuerte, cautivó a Beatriz y definió lo que aún busca con su arte: causar impacto.
Al instalarse en Nueva York su paleta cambió. Venía trabajando un colorido fuerte pero esta ciudad era a donde Beatriz iba a ponerse en ceros, a estudiar, a simplificar tonos y formas, sin saber que estaba en busca del minimalismo. “Yo pintaba por instinto, de forma orgánica y sin base académica, la cual resultó siendo muy importante”. El estudio y las visitas constantes a museos y galerías abrieron un mundo nuevo. “Fue algo espectacular descubrir cosas que uno, de alguna manera, estaba haciendo pero no sabía que existían”.

Su trabajo predilecto son los espacios intervenidos, obras efímeras pero potentes y en las que surgen constantemente el rojo, negro y blanco. Durante un tiempo se dedicó a ellas, pero en los últimos años ha retomado la pintura, el dibujo y los objetos encontrados. Esto se debe a que no siempre hay espacios para estar trabajando, y trabajar es lo que Beatriz quiere estar haciendo. No tiene una rutina ni horario para hacerlo, y señala el piso de su sala, entre risas, al hablar de su taller. Algunos días diseña digitalmente, otros dibuja, pinta o simplemente observa.

Y es que recrear el ojo es importante para ella. Por eso el cine, la moda, los viajes y ver lo que otros artistas hacen es fundamental. En la lista de pintores que sigue explorando, siempre se meten, inevitablemente, Robert Irwin, Richard Tuttle, Jessica Stcokholder, Piet Mondrian y Kazimir Malevich. De los colombianos no duda en mencionar a Carlos Rojas y Danilo Dueñas. “Hace muchos años vi una exposición de Danilo con una obra que me impactó y dije ‘miércoles, esto es lo que he querido hacer y él lo esta haciendo’”.

Cuenta que sus mejores exposiciones siempre serán las más recientes, como la que inauguró en febrero en Bogotá o la del año pasado en Toronto. Así las cosas, la mejor exposición de Beatriz Olano está a menos de un mes de empezar en una galería limeña que la invitó a exponer individualmente sus dibujos y pinturas. Para felicidad de Beatriz, también podrá intervenir el espacio.