Ay Dios, la adolescencia

Definiciones

Para empezar, una distinción, que de alguna forma es artificial, entre pubertad y adolescencia. La mayoría de las personas asocia la pubertad con el desarrollo de las características sexuales adultas: los senos, el período menstrual, el vello púbico, el bozo y la barba. Esos son ciertamente los signos más visibles de la edad adulta que se viene encima, pero los niños entre los 10 y los 14 años (incluso menores) pueden también pasar por una serie de cambios que no son visibles desde el exterior. Estos son los cambios de la adolescencia: Los niños de esta edad son más conscientes de cómo los ven los demás, especialmente sus iguales; han empezado a separarse de mamá y papá, es el principio del camino que les llevará a ser más independientes.

Cuando una persona llega a la adolescencia, empieza a pensar de forma más abstracta y racional. Los adolescentes forman su propio código moral. El crecimiento emocional y cerebral es impresionante. En esto es que tienen que involucrarse los padres, en el lado positivo de los cambios. 

¿Cuándo empieza la adolescencia?

Los adolescentes son individualistas; algunos maduran muy rápido, otros muy tarde, aquellos crecen muy rápido y aquellos otros se desarrollan más despacio. El mensaje que se le debe a dar a un hijo que llega a este punto en su vida es: cada persona es diferente. Lo normal abarca un rango muy amplio de opciones.

A los 10 años, o incluso desde antes, algunos niños empiezan a mostrar los cambios de comportamiento que algunas veces marcan el inicio de la adolescencia. Muchos anuncian la llegada de esta con cambios dramáticos en la manera en que se manejan delante de sus padres. La niña que todos los días llegaba del colegio y le contaba a la mamá cómo le había ido en su jornada, mientras se tomaba un vaso de leche con galletas, de repente pasa de largo sin saludar y se encierra en su cuarto sin ganas de ver a nadie ni hablar de nada…¿Suena familiar? Lo mejor que pueden hacer los padres es tomarlo por el lado amable. Casi siempre estos gritos de independencia son parte de una búsqueda por algo de privacidad y una manera de evitar conflictos.

Hijos, padres, conflicto

Uno de los estereotipos más comunes sobre los adolescentes es el del muchacho (o la muchacha) rebelde y desobediente que está siempre en guerra con los papás. Esta puede ser la situación en algunos casos, pues es la época de las altas y bajas emocionales, pero también puede ser que se deba a otras cosas.

¿Es el muchacho el rebelde o son los padres los que quieren controlar hasta el último detalle de su existencia? ¿Estos padres escuchan a su hijo? ¿Le permiten tener opiniones y gustos diferentes a los de ellos? Aquella niña (o niño) que hacía todo lo que el papá le pedía, que se desvivía por complacerlo, ya no existe. De un momento a otro y con mucha fuerza se ha determinado a ser ella misma y a rebelarse contra el control paterno. Papá, antes de lanzarse a la batalla mírese a sí mismo y piense cuánto espacio le ha dado a su hija para que desarrolle su propia individualidad.

Consejos para la paternidad durante la adolescencia

No existe un mapa que defina el camino para seguir durante los próximos años, sin embargo, hay algunas pistas que le han servido a otros que ya hicieron el recorrido:

  • Educarse uno mismo: Leer libros acerca de la adolescencia. Reflexionar sobre la propia experiencia en esos años. Es bueno recordar la lucha propia contra el acné y la vergüenza por madurar físicamente muy temprano o muy tarde. Son de esperar los cambios de humor en el hijo que antes era todo alegría y despreocupación. Los padres que saben lo que se les viene encima podrán lidiar mejor con la situación y entre mejor preparados estén, más podrán ayudar a su hijo.
  • Hablar a tiempo: Hablar sobre la menstruación o los sueños húmedos cuando ya han sucedido es un poco tarde. Hay que responder las preguntas iniciales que hacen los niños acerca de sus cuerpos, tales como las diferencias entre niños y niñas y de dónde vienen los bebés. No hay que recargarlos con información, solo responder las preguntas.
  • Los padres conocen a su hijo. Para ellos debe ser fácil darse cuenta cuando aparecen los chistes relacionados con el sexo o cuando la dedicación a la apariencia personal aumenta. Ese es el momento para entrar con las preguntas: ¿Te has dado cuenta de algunos cambios en tu cuerpo? ¿Tienes sentimientos inusuales? ¿Te sientes aburrido a veces y no sabes por qué? El examen físico anual es un buen momento para poner el tema. El médico puede informarle al niño preadolescente qué debe esperar en los próximos años. El examen puede servir como el punto de partida para una buena conversación entre padres e hijos. Entre más se aplace esa charla es más probable que el muchacho (o la muchacha) se formen ideas erradas o se avergüencen o le teman a los cambios físicos y emocionales. Más aún, entre más temprano los padres establezcan esta línea de comunicación en relación con estos temas, mejores serán sus posibilidades de mantenerlas abiertas durante los años de la adolescencia. Darles libros sobre el tema y compartir memorias del propio paso de los padres por esta época en sus vidas son buenas formas de abordar el asunto. Pocas cosas pueden ser tan útiles como saber que la mamá y el papá también pasaron por estas cosas; eso les ayudará a relajarse al respecto.
  • Ponerse en el lugar del hijo: Hay que tener empatía con los hijos. Ayudarles a entender que es normal preocuparse un poco y estar cohibido, que es frecuente sentirse mayor un minuto y al siguiente sentirse como un niño. Frases simples como “sí, es una época difícil”, “ sé que te puedes sentir confundida” y  “está bien, juntos pasaremos esto”, son de mucha ayuda.
  • Escoger las batallas: Muchas veces los padres se centran en las pequeñas cosas en vez de dejarlas pasar. Una madre de hija adolescente lo pone así: “Me dí cuenta de que de lo único que hablábamos era del desorden de su cuarto, y no eran conversaciones sino peleas. No quería que el único asunto  del que hablábamos fuera ese, así que cedí un poco pues esa era la única forma de lograr un cambio. Ahora ella mantiene cerrada la puerta de su cuarto y lo organiza cuando ya ni ella misma se lo aguanta”. Los expertos aseguran que la misma técnica se puede aplicar a otros asuntos como el  motilado de los muchachos o la ropa de las muchachas, pues todo eso pasará eventualmente.
  • Mantener las expectativas: Muchos padres aflojan un poco sus valores o su exigencia frente al rendimiento escolar cuando llega la adolescencia de sus hijos con la idea de que se trata solo de una fase pasajera, pero eso es equivocado. Los padres deben mantener su nivel de exigencia en cuanto a comportamiento y rendimiento escolar, a pesar de la época; ellos cumplirán con esas expectativas.
  • Informarlos y mantenerse informados: La adolescencia es muchas veces una época de ensayos y experimentación, y a veces esos experimentos toman la forma de conductas arriesgadas. Los padres no deben evitar abordar temas como el sexo, las drogas y el licor. Si se discuten estos asuntos con los hijos antes de que estén expuestos a ellos es muy probable que llegado el momento actúen con responsabilidad.
  • Hay que conocer a los amigos de los hijos y también a los padres de esos amigos. La comunicación de doble vía entre los padres de un grupo de amigos adolescentes hace una gran diferencia en la seguridad de los hijos. Los padres se pueden ayudar entre ellos a saber dónde y con quién están sus hijos sin necesidad de que los muchachos se sientan vigilados.
  • Identificar las señales de alarma: Una cierta cantidad de cambios en el comportamiento son normales en la adolescencia, pero cambios muy drásticos o muy duraderos en la personalidad de un joven pueden ser la señal de problemas, del tipo de problemas que requieren de ayuda profesional. Estas son algunas señales de alarma: Pérdida o ganancia extrema de peso; problemas de sueño; cambios drásticos y acelerados en la personalidad; cambios repentinos de amistades; faltas continuas a clase; caída del rendimiento escolar; conversaciones o chistes sobre suicidio; síntomas de consumo de drogas, alcohol o cigarrillo; encontrones con la ley.
  • Cualquier otro comportamiento inapropiado que dura por más de 6 semanas puede ser una señal de un problema subyacente. Es normal un bajón o dos en el rendimiento escolar en estos años, pero un muchacho que ha sido buen estudiante no debería caerse del todo en sus notas, lo mismo que la que ha sido alegre y extrovertida desde niña no se vuelve introvertida y retraída de un momento a otro. El médico o el consejero en el colegio pueden ayudar a los padres a buscar la asesoría profesional adecuada.
  • Respeto de la privacidad: Este es uno de los puntos más difíciles para muchos padres, pues creen que cualquier cosa que hacen sus hijos es asunto que les concierne. Les cuesta entender que si están formando un joven que va para adulto, la privacidad es un derecho de ese adulto joven. Si hay señales de problemas, los padres pueden invadir esa privacidad hasta que lleguen al meollo del caso, pero de otra manera deben retroceder y no meterse. El cuarto, el correo y las llamadas telefónicas deben ser privados; no todos los pensamientos o actividades tienen que compartirse con los padres. Todos los hijos, adolescentes o no, necesitan de la supervisión paterna, y los padres tienen el derecho de saber dónde van a estar sus hijos y qué van a hacer allá; eso sí, no deben esperar que les cuenten todos los detalles ni que les inviten.
  • Monitorear lo que ven y lo que leen: Contrario a lo que muchos piensan, los adolescentes de hoy leen mucho. Leen y ven en en el computador, en televisión, en los videojuegos. También leen algo en revistas, periódicos y libros. Tienen acceso a océanos de información y en la mayoría de los casos sin una carta de navegación adecuada. Es responsabilidad de los padres saber qué información están recibiendo sus hijos y ayudarles a procesarla.  Si ellos mismos no saben leer los medios de comunicación, los padres, deben preocuparse por aprender.
  • Reglas apropiadas: La hora de estar en la casa y acostarse debe ser apropiada para la edad. Un hijo que cumple las reglas (que llega a la hora a la que se comprometió) deben recibir los beneficios de su actuación responsable. De otro lado, ¿debe obligársele a ir a todas las visitas familiares? Ese es un asunto de familia, pero los padres deben ser conscientes que su hijo no siempre querrá ir con ellos. Son cosas de la edad.

¿Tiene fin la adolescencia?

De la misma forma que fue el comienzo de la pubertad, gradual y difuso, así será el fin de la adolescencia. Poco a poco las altas y bajas frecuentes irán desapareciendo y, en el mejor de los casos, los padres tendrán un hijo independiente, comunicativo y responsable. Mucha suerte para todos.