Ángela Penagos, mujer de las letras

Asombro, voz y silencio
Ángela Penagos, mujer de las letras
“La poesía es una luz que todos tenemos dentro”

Cientos de palabras que había recortado de periódicos y revistas las insertaba en una bolsa para mezclarlas y luego lanzarlas al aire. Al caer los pequeños papeles al piso del patio de la casa, los 13 hijos de Luis Arturo Penagos se tiraban al suelo para recoger las que más pudieran y así jugar a formar frases a contra tiempo. Desde ese momento la poesía preguntaba por Ángela a través de juegos, conversaciones y lecturas con su padre. “Lo llamo el filósofo del viento”, dice ella, refiriéndose a Luis Arturo. Con esas mismas palabras tituló un poema que escribió en su memoria muchos años después de haber disfrutado esos juegos en su infancia en Belén. Ahora Ángela vive en el barrio Manila, es madre de dos hombres, abuela de tres niñas, pero, sobre todo, Ángela Penagos Londoño es poeta.

A los juegos de palabras infantiles se sumaron cuentos, tertulias de literatura con los vecinos y obras de teatro en la juventud. Las creaba de principio a fin con algunos de sus hermanos, y aquellos que no participaban le servían de público.

Entre esos juegos de teatro y la escritura de cartas de amor empujadas por las hormonas adolescentes de sus compañeras de clase, empezó a exteriorizar su interés en la escritura y la poesía. En el colegio vio por primera vez que sus palabras podrían sorprender a los lectores. “Una de las monjas de La Presentación nos puso a escribir una carta y yo elegí como personaje narrador a un pato. Ella abrió unos ojos inmensos y vi que había algo interesante. Entendí que la imaginación es poderosa; como decía Santa Teresa de Jesús, es la loca de la casa, y yo he querido despertar esa loca que hay en mí”.

Aunque empezó a trabajar desde muy joven en una empresa de textiles, la literatura la seguía rondando y si hubo alguna duda sobre su destino como poeta quedó aclarada al entrar a sus primeros talleres de escritura creativa en la UPB, en la escuela de filosofía Aluna y en el taller de Ángel Galeano. Los profesores, cuenta Ángela, la incentivaron a cultivar esta pasión a medida que descubrían su talento para publicar.

Su primer libro fue Silencio del mandala. Cuenta que el silencio es importantísimo para un escritor, que debe estar recogido en acallamiento para crear. El mandala, por su parte, es un círculo mágico que puede ser muy sanador, explica la poeta. Por ese libro, publicado en 2008, fue invitada a diferentes eventos en otros países y por ese mismo texto se disparó en ella una hiperactividad creadora y de gestión cultural.



“Me asomo por la cima

de esa gran línea sinuosa
de mujer
de gran madre
tierra surcada
de agua y selva,
y diviso el mar y su morada”.

*Fragmento del poema
Me asomo al misterio

Hoy se ha convertido en una pasión de tiempo completo. Escribe y lee todas las noches, hace ejercicios de escritura todas las mañanas en un diario y aún hace parte del taller Aprendiz de Brujo de Ángel Galeano, grupo con el que ha publicado El Traído, Cuando el río Suena y La palabra se baña en el río. Ha publicado otros dos libros sola, Umbral del Ángel, con testimonios de mujeres en la guerra, y otra selección de sus poemas en Ecos de Marimba. Como si el tiempo no se gastara, también ha sido directora del Encuentro de Mujeres Poetas de Antioquia, desarrolladora de Poemas en la Vía con el Metro de Medellín, fundadora de Poesía por la Paz, cofundadora de Viarte, presidente de la Red de Mujeres Artistas y del Consejo de Cultura de El Poblado.

“La poesía es una diadema de luz que hay que encender. Todos la tenemos”, dice Ángela. Eso, y estar convencida de que en El Poblado hay muchísimos artistas sin descubrir, fue la motivación para una de sus mas recientes vinculaciones culturales: el primer festival y concurso de poesía de El Poblado, Bajo el cielo de Aná, celebrado a finales de febrero de este año.

A futuro vendrán más libros y gestiones culturales. Por lo pronto, para este año, Ángela se le mide a la poesía erótica con una Beca de Creación de la Alcaldía.