Amargo viernes 13

     

    Amargo viernes 13 

     

     

    Cómo iba a saber que al despedirse esa tarde en su casa, lo hacía para siempre. Mucha tristeza y desconcierto dejan las mil y una razones ilógicas para explicar el hecho de que lo que pareciera iba a ser un concierto terminara en tragedia. Y sobre todo que no haya razón para que un evento que debería ser de cultura y alegría le hubiera costado la vida a Simón Andrés Torres, un niño de apenas 15 años.

    Los hechos del fin de semana pasado no son nuevos. Han pasado muchas veces y seguirán pasando. Sobreventa de boletas para espectáculos públicos, recordemos la triste historia de hace unos años con un concierto que dejó a cientos de niños en las puertas del evento con la boleta en la mano. Recordar las muchas veces que famosos cantantes incumplen la cita con su público y las cosas acaban mal, como el concierto de Willie Colón, que casi termina con la destrucción del Coliseo Cubierto.

    No parece posible saber cómo apareció una “papa bomba” entre el público del concierto de ese viernes, como tampoco es verosímil entender la presencia de tanquetas del ejército en una lucha feroz contra el grupo de revoltosos. Hemos sido testigos de muchos eventos tristes y dolorosos en nuestro barrio, pero ninguno como el del viernes 13, una cadena de errores por las que se debe exigir esclarecimiento total y justicia eficaz.

    La muerte de Simón Andrés deberá servir para que las autoridades, encargadas de prevenir más que de reaccionar, asuman su compromiso cabal frente a eventos como los de ese viernes. Vigilar y constatar aforos, certificar la venta de boletas por el cupo máximo y no por unas pocas más. Revisar salidas de emergencia y presencia de paramédicos. En fin, hacer cumplir las normas que juraron defender al tomar posesión de sus cargos o si no aceptar que son inferiores a sus responsabilidades y renunciar. La palabra la tienen las autoridades.