Aceptar lo que es

Aceptar lo que es
/ Carolina Zuleta

Las personas se preguntan: ¿Qué tengo que hacer para ser feliz? Y yo creo que a veces las respuestas son tan simples y están tan cerca de nuestras narices que no las vemos. Al leer teorías sicológicas, científicas y religiosas he observado que hay ciertos principios para ser feliz que son universales. Me pregunto: ¿Cuántas veces más los tendremos que leer hasta que los adoptemos de una vez por todas? En los próximos artículos escribiré sobre algunos de estos principios: aceptar lo que es, perdonar, ser agradecido, vivir en el presente y elegir el amor.
En una Navidad, cuando éramos niños, como era tradición, elevamos un globo. Encendimos la mecha y vimos cómo el globo de papel se iluminaba y se llenaba de aire caliente. Al soltarlo, empezó a volar como si fuera magia. En ese momento, mi hermano, que no tenía más de cinco años, empezó a llorar porque el globo estaba yendo en la dirección opuesta a la que él quería. Deseaba que el globo se fuera hacia el sur, pero los vientos quisieron llevarlo al norte. Él lloraba por algo que estaba fuera de su control; porque no quería aceptar lo que era.
Como adultos no sufrimos por un globo, pero igualmente sufrimos por cosas que están fuera de nuestro control y en especial sufrimos por nuestra incapacidad de aceptar lo que es.
Estoy convencida de que nuestros comportamientos y actitudes tienen un impacto muy grande en la vida que tenemos, pero también sé que hay cosas que están fuera de nuestro control. Muchas personas se amargan la vida porque quienes están a su alrededor no se comportan como ellos desean: “Es que él nunca me acompaña a mis planes”. Otras personas tienen lo que todos podríamos acordar que son razones más válidas para sufrir –una enfermedad terminal o perder a un ser querido–. Sin embargo, no importa qué tan pequeña o importante sea la razón por la cual estamos sufriendo, el sufrimiento siempre es más grande cuando nos negamos a aceptar lo que es. En el momento en que decidimos internamente aceptar lo que es, empezamos a sentir alivio. Aceptar lo que es, no significa rendirnos y vivir una vida mediocre, sino estar en paz con situaciones que no podemos cambiar.
Como dice esta oración: “Señor, dame fuerza para cambiar lo que puedo cambiar, la serenidad necesaria para aceptar lo que no puedo cambiar, y la sabiduría para distinguir entre ambas”.
Revisa tu vida: ¿Qué no estás aceptando? ¿Qué crees que algún día va a cambiar, pero que al mirarlo de cerca te das cuenta de que no está en tus manos modificarlo? En especial, observa tus relaciones con otras personas: ¿Qué esperas que ellas cambien para sentirte mejor? Acéptalo en este momento, piensa que eso no va a cambiar o, por lo menos, que no depende de ti. Y, sobre todo, ten claro en tu corazón que aunque eso no cambie, tú siempre puedes elegir cómo sentirte.
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